Cuando Sitges se pone la máscara, la ciudad cambia de latido. El Rey Carnestoltes llega con su corte y, desde Jueves Lardero (Dijous Gras) hasta Miércoles de Ceniza, dicta un calendario que combina sátira, música y desfiles. El pulso lo marcan dos noches que todo el mundo reconoce: la Rua de la Disbauxa (domingo) y la Rua de l’Extermini (martes), auténticas mareas de comparsas y carrozas que atraviesan el centro entre plumas, lentejuelas y creatividad desatada.
La historia no es reciente. El carnaval sitgetano consolida su fama a finales del XIX y principios del XX, cuando la villa modernista atrae artistas y sociedades recreativas —como El Retiro o el Prado— que profesionalizan la fiesta. Con la democracia, la celebración recupera toda su fuerza y se convierte en un referente catalán, con un guion que hoy mantiene sus símbolos: el Arribo de Carnestoltes, las grandes rúas y el cierre solemne del Entierro de la Sardina el Miércoles de Ceniza.
Los que vienen de fuera suelen descubrir que el carnaval aquí tiene dos caras: la explosión de color de las rúas y la liturgia que las ordena. De día, desfiles infantiles y ambiente familiar; de noche, el espectáculo adulto que llena calles y balcones. No es casualidad: la organización reparte horarios y recorridos para que la fiesta respire y la ciudad funcione.
Desde 1982, en FINCAS LA CLAU hemos vivido “en primera fila” muchos de estos carnavales: escaparates empolvados de confeti, agendas que se adaptan a cortes de calle, llaves que cambian de manos entre músicas y risas. Vemos cada año el mismo fenómeno: quien llega “por la fiesta” descubre barrios, rutina a pie y una luz de invierno que también enamora. Por eso, para muchos, el carnaval es el primer contacto real con Sitges… y a menudo el comienzo de una historia que continúa cuando se apagan los focos.
Si vas a disfrutarlo este 2026, dos consejos de veteranos: consulta el programa oficial (horarios del Arribo, Disbauxa y Extermini) y piensa las rutas de acceso/retorno con antelación; las noches grandes son intensas y hermosas a partes iguales. Y si te asomas por curiosidad al mercado, aprovecha: el carnaval enseña la ciudad en alta definición —ruidos, flujos, convivencia— y ayuda a entender cómo se vive Sitges de verdad cuando la música baja.
En FINCAS LA CLAU celebramos la fiesta con la misma cercanía de siempre: puertas abiertas, información clara y ese punto de oficio que dan más de cuatro décadas aquí. Nos vemos en la rua. Y, si quieres, también al día siguiente para seguir hablando de Sitges sin máscara.